miércoles, 23 de septiembre de 2015

DEVOCIÓN MARIANA




                     



DEVOCIÓN MARIANA
                     
La devoción mariana se ha de vivir en un espíritu ecuménico. Hay que prevenir los mal entendidos. En particular, la Iglesia universal ha de respirar con sus  dos pulmones, la Iglesia occidental y la Iglesia oriental.

La devoción mariana debe ofrecernos la imagen de un hombre sana, sin artificios, y actual. Sobretodo, las notas femeninas y maternales son necesarias hoy y útiles para la imagen espiritual de la Iglesia, sobrecargada de burocracia, de intelectualismo y una gran falta de espiritualidad. Además, hay que hacer visible la solidaridad de la Iglesia con todos los hermanos y hermanas en el mundo, particularmente con los pobres, con los refugiados víctimas de la guerra,  que lo han perdido todo: algunos, casa y familia; y, además de la pobreza, tienen que seguir viviendo con los recuerdos y la soledad.

Las plegarias marianas nos llevan a un contacto palpable con el Señor y a una experiencia confortadora de la redención:

El “Ave María” comienza con palabras bíblicas. Una palabra del ángel:”Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”; una palabra de Isabel: “Eres bendita entre todas las mujeres y es bendito el fruto de tu vientre. ”Estas palabras de la sagrada Escritura que contienen el núcleo de la auténtica piedad mariana, vienen seguidos de una plegaria final preciosa: María es invocada con el título cristológico de “Madre de Dios”; su intercesión “por nosotros, pecadores” se la pedimos para ahora y para la hora de nuestro encuentro decisivo con su Hijo, el día de nuestra muerte.

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