DEVOCIÓN MARIANA
La devoción mariana se ha de
vivir en un espíritu ecuménico. Hay que prevenir los mal entendidos. En
particular, la Iglesia universal ha de respirar con sus dos pulmones, la Iglesia occidental y la
Iglesia oriental.
La devoción mariana debe
ofrecernos la imagen de un hombre sana, sin artificios, y actual. Sobretodo,
las notas femeninas y maternales son necesarias hoy y útiles para la imagen
espiritual de la Iglesia, sobrecargada de burocracia, de intelectualismo y una
gran falta de espiritualidad. Además, hay que hacer visible la solidaridad de
la Iglesia con todos los hermanos y hermanas en el mundo, particularmente con
los pobres, con los refugiados víctimas de la guerra, que lo han perdido todo: algunos, casa y
familia; y, además de la pobreza, tienen que seguir viviendo con los recuerdos
y la soledad.
Las plegarias marianas nos llevan
a un contacto palpable con el Señor y a una experiencia confortadora de la
redención:
El “Ave María” comienza con
palabras bíblicas. Una palabra del ángel:”Alégrate, llena de gracia, el Señor
está contigo”; una palabra de Isabel: “Eres bendita entre todas las mujeres y
es bendito el fruto de tu vientre. ”Estas palabras de la sagrada Escritura que
contienen el núcleo de la auténtica piedad mariana, vienen seguidos de una
plegaria final preciosa: María es invocada con el título cristológico de “Madre
de Dios”; su intercesión “por nosotros, pecadores” se la pedimos para ahora y
para la hora de nuestro encuentro decisivo con su Hijo, el día de nuestra
muerte.

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